(c)- prohibida la reproducción total o parcial del contenido de este blog sin la autorización expresa de su autor- Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.



Para ver las fotografías en mayor tamaño sólo tienes que clickar sobre ellas.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Moli de Tramuntana y Nubes.

Ver el cielo quizás
es imaginar figuras
que con el viento desaparecen
buscamos respuestas
o buscamos un avión
para cambiarle rumbo a la mirada
o mil aves en mil direcciones
una ilusión que flota
algún pensamiento
que el viento juega al ping pong..
Cielo gris o azul
como las miradas
como la intención
intentar tocar cada nube
que pasa cerca de nuestra imaginación
lejos? demasiado
cerca? acercándonos..

Ver de nuevo el cielo
no hay figuras que imaginar
es mas azul que el mar
y mas frío que las manos
que no dejan querer...


Texto: Nubes
Allek (Guatemala)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Marina y su pez.

EL PECECILLO PRESUMIDO
Érase una vez un pececillo muy bonito, de cuerpo corto pero robusto, con un color anaranjado muy intenso, y una zona central negra. Se parecía a un carbón encendido. En su pequeña cabecita tenía una franja nacarada que le bajaba directamente a los ojos. Sus aletas eran también anaranjadas, aunque las ventrales tenían una tonalidad oscura en su parte anterior.
Era muy vivaz nuestro pececillo. Aunque sus compañeros vivían en grupos pequeños, éste era muy solitario pues sólo sabía hacer una cosa que no podía compartir con nadie : presumir.
Un día, paseándose por entre unos guijarros en el fondo del mar, se encontró con el señor pulpo:
- ¡Eh, payaso!, ya que así se llamaba nuestro pececillo. En realidad era un pez payaso, pero como no tenía nombre, todos le llamaban payaso.
- ¿Qué quieres, ocho patas?, le contestó el pez payaso.
- ¡Ten cuidado!, hay humanos pescando, le dijo con cierto temor el señor pulpo.
- A mí que, contestó payaso.
- En vez de pavonearte tanto, deberías hacer algo, deberías aprender algo, si no..., el día menos pensado..., le comentó el señor pulpo, que pasa por ser uno de los animales más inteligentes.
- ¿Para qué ?, yo soy tan apuesto y bello que no necesito aprender nada. Si me pescan, me soltarían por mi atractivo. Además, ¿para qué sirve aprender ?. Por ejemplo, ¿tú qué sabes hacer ?, le dijo el pececillo al señor pulpo, no sin cierta prepotencia.
- Yo, con mis tentáculos, puedo defenderme, puedo coger varias cosas, puedo...
- Ya ves que interesante, le interrumpió payaso, lo que irritó un poco al señor pulpo, pues no está bien interrumpir a un animal o persona cuando está hablando.
- Bueno, bueno. Sigue así y verás que pronto te pescarán.
- Tonterías, comentaba payaso mientras se alejaba en dirección a unas algas.
Siguiendo con su paseo, al girar una roca, se encontró con el pez globo.
- ¡Hola, payaso !, ¿qué haces ?, le preguntó éste.
- Nada, contestó payaso, que estaba todavía algo irritado después de su encuentro con el señor pulpo.
- Pues si no haces nada, pronto acabarás en las redes de los humanos, le dijo el pez globo en un tono conciliador.
- ¡Otro !, dijo enfurecido payaso, y continuó más enojado aún: ¿Tú qué sabes hacer listillo?
- ¿Yo? Pues mira, si me cogen, me hincho y me hincho y, de este modo, como no me pueden comer me sueltan, dijo el pez globo todo satisfecho.
Ahora sabéis ¿por qué se llama pez globo?, mis menudos amiguitos.
- Pues menuda tontería, replicó el pez payaso. A mí, si me cogen me soltarían por mi extraordinaria y sin igual hermosura, le dijo al pez globo, igual que antes había hecho con el señor pulpo.
- Yo que tú, empezó a indicarle el pez globo, dejaba de presumir tanto y me esforzaría en aprender algo, pues hay humanos pescando, comentó con cierto temor, también, el pez globo.
- Tonterías, volvió a replicar payaso y, dando un fuerte movimiento a su aleta caudal, se giró y se fue.
- Ten cuidado..., se quedó hablando el pez globo en la lejanía.
Así siguió durante parte del día el pececillo presumido y presuntuoso, hablando con unos y con otros sobre las distintas maneras de zafarse de un ataque de otros peces o de los humanos, las pinzas de los cangrejos, la tinta de los calamares, el mimetismo, etc., etc. Pero payaso no prestaba atención, pues pensaba que eso no era útil.
De repente, se oyó un gran estruendo que provenía de detrás de una gran roca que había en el lecho marino, un ruido como si algo grande se arrastrara por el fondo. El pez payaso se dio la vuelta y fue a ver que era eso, y...
En la cubierta de un gran barco de pesca, varios pecadores se encontraban separando los peces que habían caído en la red, cuando uno de ellos vio a payaso, tan bonito y tan pequeño :
- Seguro que éste le gusta mucho a mi nenita, pensó. Y lo metió en una bolsa con un poco de agua marina, y lo guardó en su cesta de comida.
Cuando empezó a recuperarse, payaso se preguntaba : ¿dónde estoy ?, ¿qué es esto tan oscuro y tan pequeño?, pues intentando huir se daba de broces contra las paredes de la bolsa de plástico.
Al cabo de unas horas, alguien coge la bolsa y se pone a mirar a payaso.
Payaso abre sus pequeños ojos y ve a una niña tan rubia que sus cabellos parecían los rayos del sol, con unos ojos tan azules como el fondo del mar por el que presumía payaso, tan bonita, pensó, como él, o más.
- Mami, mami, decía la preciosa chiquilla, mira que me ha traído papá.
- ¡Que bonito!, le dijo su madre. ¿Qué vas a hacer con él ?, le preguntó su madre.
- No se. De momento lo pondré en una pecera, dijo Marina, que era el nombre de esta muñequita.
Pasaron los días, las semanas, los meses,... Payaso estaba cada día más triste, y pensaba :
- ¡Ah!, que razón tenían mis amiguitos del mar. Sólo presumir y presumir. Antes podía presumir ante muchos. Ahora, ni eso. Sólo puedo presumir ante esta niña, que además es más bonita que yo. Si pudiera volver a mi mar..., pensaba una y otra vez el pez payaso totalmente arrepentido de su forma de ser.
Pero la niñita también pensaba:
- Pobrecillo, sin su mamá, sin su papá, sin sus amiguitos. Tan bonito como es y sólo yo puedo disfrutarlo.
- Mami, papi, empezó diciendo una tarde la pequeñina: he decidido devolver al pececillo al agua. Está muy solo y muy triste sin sus padres. No come casi nada y ¡es tan bonito ! que debe seguir alegrando el fondo del mar con sus colores.
- Muy bien hija. Lo que tu digas.
Y se fueron en una barquita a devolver a payaso a su ambiente.
A payaso, que estaba adormecido por la hora que era, le llegó, de repente, un olor conocido, el olor del mar. En un instante, todavía sin desperezarse del todo, unas pequeñas manitas lo cogen, le dan un beso en la boquita, y lo meten en el agua, soltándolo a continuación.
Se puso tan contento payaso, que dio varias vueltas sobre sí mismo, y antes de alejarse, miró a la niña dándole las gracias y dejando escapar una pequeñísima lágrima de satisfacción. Claro, la niña no le pudo oír, pero lo entendió perfectamente.
Nadando a toda velocidad, fue a ver al pez mariposa para que le aceptara en la escuela de peces, y de este modo aprender todo lo que debe saber un pez de los peces y de los humanos, aunque la primera lección ya se la había aprendido bien.
Todos los peces marinos se enteraron pronto de que payaso había vuelto y lo celebraron con una gran fiesta en la que tocaron los cangrejos violinistas y el pez banjo, hizo trucos de magia el pez hada, no paró de contar chistes el pez papagayo bicolor y los peces saltarines no dejaron de hacer eso, precisamente, en toda la tarde.
Encima de ellos, la barquita iba en dirección al puerto. La niñita se había dormido en los brazos de su padre que le había contado el cuento de Pedro y el lobo. El padre estaba muy satisfecho por lo que su hijita había hecho gracias a las cosas que había aprendido hasta ese momento.
Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Autor: Carlos Manuel da COSTA CARBALLO

sábado, 19 de septiembre de 2009

El ajedrez.

El ajedrez surgió probablemente en la India en una fecha que no se puede determinar, de allí pasó a Persia (eran vecinos) y cuando Persia fue conquistada por los árabes en el siglo VII, estos quedaron fascinados por este juego y lo difundieron por todo su imperio, que abarcaba desde la India hasta lo que hoy es España, entrando de este modo a Europa.
A excepción quizá de Rusia y los demás países de Europa del Este, ningún pueblo se ha sentido nunca tan fascinado por el ajedrez cómo los árabes, ahí van algunas de sus curiosidades:
El ajedrez hindú se llamaba “chaturanga” (juego de los cuatro ejércitos), pero la propia palabra ajedrez proviene del árabe “shatranj”.
La palabra “jaque” proviene de la palabra persa “sha” (rey) y la expresión “jaque mate” significa “el rey ha muerto”.
¿Sabías que la palabra alfil proviene del árabe? Esta significaba “elefante”, que
era lo que simbolizaban los alfiles en la antigüedad.
¿Sabías que los primeros libros de ajedrez los escribieron los árabes? De hecho, hubo un autentico “boom editorial” ¡más cinco siglos antes de que se inventara la imprenta! Hacia el 840 Al-Adli, considerado el mejor jugador de Bagdad, escribió el Libro del ajedrez, hoy perdido. Más adelante autores cómo al-Razi
(Elegancia en el ajedrez, 847) o al-Suli (otro Libro del ajedrez, 946) serían los primeros de una larga lista de autores árabes que escribieron libros sobre este deporte. Eran especialmente buenos en crear “mansubas”, es decir, problemas sobre finales.








Hoy en día es común que los mejores jugadores del mundo tengan uno o varios entrenadores, pero ya los árabes hicieron cosas por el estilo. Por ejemplo, el gran jugador árabe Zairab (siglo IX) tenía un esclavo llamado Mainal sólo para que ¡le compusiese problemas con los que entrenarse!
Hace menos de un siglo, los rusos, otro pueblo muy amigo del ajedrez, incluyeron a este en los planes de estudio de sus alumnos, pero ya los árabes hicieron lo mismo más de un milenio antes. Sus jóvenes se educaban, además de matemáticas o lengua, en música, arte y ajedrez. Probablemente, ¡debía de ser una asignatura más divertida que el resto!

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Leyenda de la cueva de Xoroi. (Cala en Porter).

Estos peñascos que el aire marino perfuma, guardan con su imponente belleza la leyenda de una historia de amor. Xoroi, hombre de ignoto pasado que llegó por mar, nadie sabe cómo, posiblemente único superviviente de algún naufragio, se refugió en la cueva.
Las casas de campo de los alrededores sufrían frecuentes pillajes. De una de estas casas desapareció una bella moza próxima a casarse. Pasaron meses y años...

Hombres armados siguiendo las huellas descendieron a la Cueva. En la gruta encontraron un hombre, una mujer y tres hijos fruto de su amor.Xoroi, al verse acorralado e impotente, se lanzó al mar seguido de su hijo mayor. El mar que lo había traído, se cerró sobre ellos guardando el misterio de su vida.Desconsolados, la mujer y sus dos hijos fueron trasladados a Alaior donde vivieron y tuvieron descendencia.



















La Cova d’en Xoroi en Menorca, de Cala en Porter, es ahora una cueva-discoteca emplazada justo en medio de un escarpado acantilado. Se accede a ella por unas escaleras que descienden hacia unas terrazas con pajizas sombrillas donde las parejas suelen sentarse para ver la puesta de sol mientras toman un algo. Avanzando un poco más se llega a un largo corredor que nos lleva a las estancias interiores. Mesitas, sillas, taburetes, luces, barras, ventanales con vistas al mar, un set de DJ rodeado de rocas. Uno se pregunta qué fue primero, si la cueva o la discoteca, por que cada espacio parece estar aprovechado perfectamente. En la pista de baile hay una gran abertura desde la cual uno se puedo asomar y ver la inmensidad del mar.































viernes, 11 de septiembre de 2009

Crepúsculo.

El espectáculo del atardecer siempre conmovió la sensibilidad humana. El cielo y la tierra entran en una etapa de transición luminosa que inspira sentimientos poéticos y maravilla el espíritu.
La solemne despedida del sol tras las montañas o en la infinidad del horizonte marino, proyecta hogueras en las nubes cuyos colores de fuego y sangre terminan devorados por la noche, mientras surgen, como chispas fulgurantes en el cielo, la luna y las estrellas.

Cada crepúsculo, diferente, majestuoso, irrepetible, evoca la fugacidad de la vida y el misterio insondable de la eternidad. Es la ocasión que brinda la Naturaleza al ser humano para que aprenda a apreciar su grandeza y su pequeñez frente a la inconmensurable magnitud del universo.
El habitante del mundo urbano, atosigado por urgencias y premuras, rara vez se da tiempo para admirar la transición del día y la noche sobre los edificios, pero cuando viaja puede detenerse en el camino y gozar del encanto de los paisajes vespertinos, como los que se expresan sin necesidad de mayor comentario en el resplandor de estas fotos.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Primer aniversario de blog.

Hoy hace una añito que empecé con mi blog, con la idea de que sería un buen sistema para enseñar mis fotos a la familia y a un par de amigos que siempre me pedían como me iba con mi nuevo hobby. Para mi ha sido una gran sorpresa el ver que este par de amigos se han convertido en un montón, mi blog ha recibido casi 23.000 visitas desde los 5 continentes, más de 80 países, dejándome 2.673 comentarios (que tengo celosamente guardados) sobre mis 331 fotos publicadas.

Para mi, un simple aficionado al que le queda muchísimo por aprender, todo esto tiene mucho valor, quiero daros las gracias a todos, por vuestras visitas y comentarios.

Es increíble que una afición como esta deje al margen ideales políticos, creencias religiosas o diferencias de países y seamos capaces de sentarnos delante del ordenador a contemplar una foto que no entiende de diferencias.

Una vez más GRACIAS A TODOS.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Christian Poveda.


Nuevamente nos despertamos con la noticia del asesinato de un fotógrafo. El reportero gráfico y realizador hispano-frances Christian Poveda, ha sido acribillado a balazos en la pequeña localidad Salvadoreña de El Rosario.
¿Hasta cuándo seguirá valiendo tan poco la vida y reinando la impunidad?

http://www.nuestramirada.org/












martes, 1 de septiembre de 2009

Amanecer


En los bordes

Cuando necesito aire
escapo
hacia los bordes

Busco
una pequeña rendija,
justo donde se juntan
mar y tierra.

En ella me esponjo,
me vacío,
respiro al fin.

Luego,
cuando llega la hora de marcharme,
me voy llena otra vez,
de viento y de silencio,
a cumplir con las tareas cotidianas.

Autor texto: Luisa Antolín Villota
Libro: "Descubrimiento de la herida"